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jueves, 10 de mayo de 2012

Veteranos de Guerra.

                               Foto coleccion, propiedad y cortesia de Carlos Fernando Rosales Elvir.


Por el Coronel F.A.H (r) José A. San Martín F.



Leyendo y rememorando la participación de hondureños bien nacidos en los conflictos armados, cuando nuestro país se vio envuelto con las hermanas repúblicas de Nicaragua en 1957 y El Salvador en 1969, básicamente por motivos de falta de delimitación fronteriza, sorprende el desconocimiento de las nuevas generaciones de estos eventos históricos. Sin embargo, en esta oportunidad no nos referiremos a las causas y circunstancias que desembocaron en el empleo de los aparatos militar, económico, político y social de las tres naciones en la solución de tales conflictos. Solo diremos que hubo muertos, hondureños, nicaragüenses y salvadoreños; que las economías de los tres países sufrieron enormes deterioros que aún hoy día, más de cincuenta años después, arrastran secuelas negativas y sus heridas todavía muestran cicatrices que parecen imborrables.


Estos hondureños, militares y civiles, hombres y mujeres, que dedicaron esfuerzos y sacrificios para evitar que nuestra patria fuese mancillada, pareciera que son olvidados. Dieron su vida, sus nombres y sus acciones ya no se recuerdan. De los que sobrevivieron, unos deambulan de aquí para allá dependiendo casi totalmente de sus hijos y nietos. Otros, que se agrupan como miembros de la Asociación de Veteranos de Guerra, buscan la protección y tutela del Estado, merecidamente, para que se les reconozca su esfuerzo en la defensa de la patria.


Estos olvidados veteranos que aún viven, transitan por las categorías de adultos mayores y merecen, por su edad y por ley, ser objeto de la protección estatal además del reconocimiento al haber participado físicamente en el frente de batalla. Difícilmente o casi imposible es que, aunque aun posean capacidades, logren conseguir un trabajo digno y decentemente remunerado. No es extraño verlos haciendo de vigilantes de alguna zona residencial de clase media cargando un herrumbroso y romo machete; trasnochando, mal alimentados, sin atención médica, casi a la intemperie, mal vestidos y mal calzados, cuidando de no ser asaltados más que hacer su labor de vigilancia. Si pudiesen lograr un trabajo decoroso, no mendigarían anualmente la pensión que apenas alcanza para cubrir sus necesidades alimenticias; sin mencionar que deben pagar los servicios de agua, electricidad, transporte, etc., etc.


De buena fuente nos damos cuenta que la asignación monetaria del Estado para estos menesteres no solamente no satisface para cubrir las necesidades básicas de estos veteranos, sino que no cobija a la totalidad de ellos. Casos como el del general ® don Mario Enrique Chinchilla Cárcamo, ex comandante de la base aérea Hernán Acosta Mejía, que participó en ambos conflictos armados de 1957 y 1969 y sin embargo aún espera a que alguno de los amparados fallezca a efecto de que se le incluya en la lista de quienes gozan del beneficio económico.


Muchos, muchos son los ex miembros de las FF AA que permanecen en la lista de quienes no les alcanza la cobija de la limitada subvención de que gozan los veteranos organizados y que, repetimos, acusan una edad avanzada.


Lo lamentable de todo es que en la lista de seleccionados que gozan efectivamente de dicho auxilio, que como arriba señalamos son pobrísimos, aparecen hondureños que tienen menos méritos que el del general Chinchilla, por ejemplo. Con esto no queremos disminuir el merecido derecho de quienes participaron en cualquiera de los conflictos armados arriba señalados. Creemos que el orden de prioridad del listado no se elaboró con justicia. No es el hecho de que unos queden dentro y otros fuera, es la responsabilidad del Estado la que ha estado deficiente para atender este problema al no dar importancia a su obligación de sostener decentemente a quienes, en su momento, arriesgaron su vida por Honduras, su pueblo y su gobierno.


Es importante que el Estado reconozca a este grupo social, actualmente muy reducido, asistiéndolos a todos, y no a unos pocos. Ser veterano de guerra debe considerarse un honor, un privilegio que no todos tenemos el orgullo de ser. Honrémoslos como se merecen.



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1 comentario:

  1. Yo Saul Antonio Figueroa (PALOMO) Ex-Sgto Primero de comunicaciones y ex-combatiente en 1969,quiero manifestar que: desde 1968 pertenecia al Tercer Batallon de Infanteria con sede en la ciudad de San pedro Sula para ese entonces,fui ex-combatiente en el sector de Ocotepeque y a la fecha en la asociacion de veteranos de guerra no he sido afiliado aun llevando mi documentacion hace mas de tres meses las razones no me las han dado, la persona oficial o tropa que lea esta informacion favor llamarme a los telefonos 3334-3926, y 9829-8120 para que me pueda dar informacion o si alguien que me conosca en las diferentes asosiaciones del pais espesialmente en la de San Pedro sula que porfavor me llame y que me ayude a formar parte de este grupo sicial y como repito que actualmente no he sido afiliado les agradesere.

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