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jueves, 24 de noviembre de 2011

Los 3 derribos de Sotillo.




TEGUCIGALPA.- Con “el rol de la victoria” y a bordo de un avión Corsario F4-U5, a las 11:20 de la mañana del 17 de julio de 1969, el coronel de aviación Fernando Soto Henríquez anunciaba un paso victorioso en el conflicto armado que se registraba entre Honduras y El Salvador.

La denominada “guerra de las 100 horas” estalló el 14 de julio de 1969 cuando aviones de la Fuerza Aérea Salvadoreña (FAS) bombardearon el aeropuerto internacional de Toncontín en Tegucigalpa.

Alrededor de las 6:20 de la tarde cuando el cielo comenzaba a oscurecer bombas enemigas estallaron en varias ciudades de Honduras, entre ellas Tegucigalpa, Santa Rosa de Copán, Choluteca, Catacamas, poblados de Talanga y nueva Ocotepeque.

Uno de los pilotos de la Fuerza Aérea Hondureña (FAH) que estaba en servicio en ese momento era el coronel, Francisco Zepeda, quien recuerda que ese día no pudieron localizar las aeronaves que atacaron la capital porque era de noche, aunque despegaron cuatro aviones corsarios F4-U5 en su búsqueda.

Ese fue el primer despegue de una gloriosa hazaña del coronel de aviación Soto Henríquez, quien se escribiría en las páginas de la historia nacional al derribar tres de los caza bombarderos salvadoreños, acompañado en la misión por el coronel José Serra, el mayor Óscar Colindres y el coronel Francisco Zepeda.

Fue así como esa noche se consiguió la autorización del alto mando de las Fuerzas Armadas de Honduras para atacar a El Salvador la madrugada del 15 de julio. El objetivo era lanzar bombas de 100 libras en la base aérea de Ilopango, donde operaba la FAS.

El 15 de julio la noticia en las radios salvadoreñas era que la FAH estaba destruida pero minutos más tarde se encargó de desmentirlas el capitán Rolando Figueroa, el subteniente Reinaldo Silva y, como lanzadores de bombas, el teniente Jorge Matamoros, los sargentos Jorge Espinal, Rafael Cerrato y Antonio Ramón Lagos y el soldado José Blas Molina, que atacaron a El Salvador y se agudizaba el conflicto.

El blanco alterno fue el depósito de combustible de Cutuco, que también recibió daños por la armada aérea hondureña, comandada por el grupo de Soto Henríquez, mientras que los aviones de San Pedro Sula atacaron la refinería de Acajutla.

ATAQUES

Zepeda rememoró que alrededor de las 10:00 de la mañana del 17 de julio de ese año, comenzó el combate aire-aire, en el punto fronterizo de El Amatillo, y fue cuando quedó de manifiesto la superioridad de la FAH.

“Tiramos las bombas en los puntos indicados, pero cuando decidimos comenzar el ametrallamiento de las tropas enemigas, los cañones que llevaba mi avión no funcionaban, entonces le dije al coronel Soto que me quedaría orbitando. Después de dar un par de vueltas, miré la silueta de los Mustang F-51 salvadoreños que venían en descenso por mi lado izquierdo”.

“Le dije al coronel Soto que tenía dos aviones en cola y que venían a atacarme, entonces dejó de ametrallar las tropas salvadoreñas comenzando a ascender para cubrirme porque andaba los cañones dañados”, recordó Zepeda.

“Viré de forma brusca y fuerte a la izquierda, después a la derecha y bajé de altura para venirme hacia Tegucigalpa, perdiendo contacto con mis compañeros y es cuando Soto aprovecha para colocarse a tras de los aviones salvadoreños y derriba a uno de ellos que era piloteado por el capital Vladimir Varela, considerado como uno los mejores de la FAS”, relató.

“Al llegar a Tegucigalpa, inmediatamente informé qué sucedió y que posiblemente Soto y Acosta había trabado combate con los aviones salvadoreños; me ordenaron subirme en otro corsario y mantenerlo encendido en la cabecera de la pista por si había necesidad de otro ataque”.

DERRIBAN
El coronel retirado agregó que minutos después escuchó por el radio la conversación entre Soto y Acosta, informando que habían derribado un contrario.

“Hay una costumbre en la aviación mundial, que se llama el rol de la victoria, tradición que se hace desde la primera guerra mundial, que cuando un piloto derribaba a un enemigo al llegar a la base desciende a baja altura con poca velocidad y se levanta haciendo una especie de barril en el aire”, explicó.

Los pilotos arribaron a Toncontín alrededor de las 11:30 de la mañana, pero como a la 1:30 de la tarde les asignaron una nueva misión. Los tres aviadores partieron de inmediato pero “cuando despegamos y vamos entre Ojojona y Santa Ana Soto nos dice que chequeemos los cañones y los míos no trabajan de nuevo; me ordena regresarme a Tegucigalpa, dejándome en la pista de nuevo”.

Soto y Acosta siguieron a El Amatillo a la misión y dejaron caer las bombas, pero después Soto logró divisar dos aviones salvadoreños en su territorio y pese a que había orden del general Oswaldo López Arellano de no atravesar la frontera de ese país, los efectivos nacionales decidieron atacar.

Para Zepeda, “la sangre de cazador de Soto lo motivó a atacarlos y le hace señas a Acosta tomando altura, para luego descender disparándole al avión salvadoreño que piloteaba el capital Francisco Zeceña, quien se lanzó en paracaídas porque iba a estrellarse”.

Al parecer, el piloto del otro avión salvadoreño, Reynaldo Cortés, no se dio cuenta que habían derribado el avión de su compañero, momento que aprovechó Soto para ametrallarlo, incendiando la aeronave y también le impactó al piloto, porque cuando encontraron el cadáver tenía algodón en la mano impregnado de sangre.

ORDEN

Al siguiente día, 18 de julio, la Organización de Estados Americanos (OEA) ordenó a ambas naciones terminar el conflicto, decisión acatada por las dos naciones, evitando que se incrementaran los enfrentamientos.

Zepeda señaló que en la actualidad Honduras tiene superioridad aérea en equipo, pero se necesita mejorar el entrenamiento y reponer la capacidad que se tenía en 1969, porque todos los meses se volaba nocturno, combate aire-aire, cosa que ya no se hace.

Apuntó que del conflicto queda como legado a las FF.AA. que tienen como misión principal la defensa de la soberanía nacional, “nadie esté pensando en conflictos, pero igual sucedió en 1969 y nos agarraron desprevenidos”.

Soto Henríquez falleció a la edad de 68 años, el 27 de junio del 2006, pero en octubre del 2003 mediante decreto número 139-2003 el Congreso Nacional lo declaró Héroe Nacional de la República de Honduras. (Yony Bustillo).

Tomado y recopilado del diario La Tribuna de Tegucigalpa con fecha del 17 de juilo 2011.
http://www.latribuna.hn/2011/07/17/un-dia-como-hoy-piloto-hondureno-derribo-tres-aviones-salvadorenos/

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