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jueves, 1 de diciembre de 2011

Las Renovadas Ambiciones Navales de China.


El autor se desempeña como Primer Secretario del Servicio Exterior y Director de la Oficina Comercial en la Embajada de Chile en Beijing.


La Marina del Ejército Popular de Liberación -internacionalmente conocida como People’s Liberation Army Navy ó PLAN-, es la única fuerza naval de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que no cuenta con una plataforma capaz de transportar aviones o de más de un helicóptero para cumplir misiones desde aguas azules. Se trata - para algunos analistas dentro de China - de una contradicción en tiempos modernos que requiere ser enmendada, si acaso este país aspira a recuperar en todas sus dimensiones el sitial que le es propio por las razones que se mencionan a continuación:

a) El tamaño de su población

b) su poderío militar convencional y nuclear

c) la capacidad de su economía unido a los diversos intereses comerciales y políticos que están asociados a un vertiginoso nivel de crecimiento, el cual es esencial para un país que presenta una de las tasas de desigualdad mas alarmantes y que atenta contra su futura estabilidad,

d) El desarrollo de una comunidad global, interconectada al instante, con problemas y soluciones que requieren, a veces, de sólidos liderazgos que van más allá de los tradicionales actores políticos o institucionales.

Hoy es común escuchar en círculos académicos y gubernamentales chinos que, si acaso su país aspira a convertirse en un referente de peso mayor proveniente del mundo en desarrollo, aportando en instancias de convergencia multilateral como son el G-7, G-20, APEC u otros, será mucho mejor para el prestigio de un país que se apresta a conmemorar sus 60 años como República Popular el contar con una flota naval activamente presente en alta mar.

China no es un país extraño al momento de producir un listado de países con una profunda vocación marítima. Registros históricos muestran que ya en el año 1132 este país contaba con una marina de guerra, con personal y presupuesto anual asignado por los emperadores de la dinastía Song, aunque sería Zheng He, el eunuco y comandante de la más numerosa flota combinada militar y mercante de la historia, quien proyectaría el poder naval chino hacia las costas de África y, según algunos relatos, incluso hacia el continente americano, en la primera mitad del siglo XV.

China ha estado cada vez más presente estratégicamente en la actividad comercial a nivel global y, específicamente en el Pacífico, sea por medio del despliegue de su flota pesquera y de transporte, como así también a través del cumplimiento de misiones de investigación de características científicas, incluyendo por cierto el despliegue de buques oceanográficos y de rompehielos a la Antártica, territorio en donde ya se proyecta la construcción de una tercera base – Kunlun – para el 2009.

China es también un protagonista en el empleo del Canal de Panamá, no solamente en el uso de ésta vía por buques empleando su bandera (unos 230 en los seis meses del 2008), sino que por tratarse del principal mercado de destino de los mercantes que viajan hacia y desde la costa este de los Estados Unidos, uno de sus principales socios comerciales. Es por medio del Canal por donde se transportarán los miles de barriles de crudo venezolano destinados para su refinamiento en China.


Por Que Ahora.
Afirmaciones realizadas en las últimas semanas por el director de asuntos internacionales del Ministerio de Defensa Nacional, mayor general Qian Lihua, en conjunto con tratativas comerciales divulgadas por la prensa entre la PLAN con Komsomolsk -na- Amure Aviation Production Association (KNAAPO), tendientes a incorporar a corto plazo en su arsenal aeronaval, aparatos rusos Su-33 configurados de acuerdo a especificaciones técnicas chinas, hacen prever que los nuevos escenarios de seguridad a nivel global, unido a los crecientes intereses económicos del gobierno de Beijing en África, América Latina y, por cierto, dentro de sus propias millas náuticas cuadradas de responsabilidad marítima, impulsarán en un corto plazo a China a operar su primer portaaviones.

No se tratará del primer buque de sus características en surcar las aguas flameando el pabellón de un país asiático. Actualmente India (INS Viraat y pronto, en su reemplazo el INS Vikramadytia), y Tailandia (HTMS Chakri Naruebet), cuentan con portaaviones aunque el grado de alistamiento de dichas unidades ha estado sujeto a las fuertes restricciones financieras asociadas al alto valor del petróleo y de otros insumos, más los recientes efectos de la crisis global que ciertamente afectará en un corto plazo, a los presupuestos de las fuerzas armadas de dichos países.

A la vez, varios países de la región cuentan con unidades de superficie capaces de transportar más de un helicóptero y desarrollar así tareas en alta mar o desde esas hacia objetivos ubicados en tierra, como es el caso de Australia con las HMAS Canberra y Adelaide; Corea del Sur con el ROKS Dokdo; Japón con el JMSDF Osumi); Singapur con los RSN Endurance, Persistence, Endevour y Resolution; y Nueva Zelandia con el HMNZS Canterbury y el resto de los buques del proyecto Protector.

Estas unidades presentan un reto para el futuro despliegue de la PLAN en alta mar, particularmente dentro de su área natural de influencia como así también, en zonas que son de interés estratégico para el gobierno de Beijing.

China es un país que está contribuyendo cada vez más a tareas de nation building (junto a Chile en Haití, por ejemplo), o a misiones de paz bajo la bandera de las Naciones Unidas, por lo que este tipo de unidades son sumamente convenientes si acaso el país opta por un camino de mayor compromiso en respuestas colectivas a problemas comunes para una comunidad global.

Ahora bien, aunque en los últimos años el multimillonario presupuesto de defensa chino ha estado principalmente focalizado hacia la actualización en materia de instrucción de los efectivos que forman parte del Ejército más numeroso del planeta, en conjunto con la profesionalización de dichos cuadros, unido a la puesta en marcha de proyectos de desarrollo de nuevos misiles; cañones de largo alcance; tecnología electrónica y computacional de punta; aparatos no tripulados para reconocimiento (UAV); aviones a reacción de combate y para transporte civil y militar; el programa espacial y, por cierto, la construcción de plataformas submarinas y de superficie, los intereses estratégicos de China en el presente siglo, con más de 3 millones de kilómetros cuadrados de territorio marítimo para resguardar, hacen imprescindible la puesta en operación de al menos un portaaviones.

Estos buques son conocidos por parte de la población china, especialmente por quienes habitan o visitan provincias costeras como Guangdong, o ciudades como Tianjin y Dalian.

En dichas localidades se pueden visualizar a lo lejos atracados en zonas de mucha concurrencia pública, más en el puerto de Tianjin o en Shenzhen abordar portaaviones que son empleados como atracciones turísticas que reciben anualmente a miles de turístas y curiosos.

Pero es en Dalian, ciudad conocida por su arquitectura con influencias rusas y japonesas como así también por la gran capacidad de sus astilleros, donde se encuentra actualmente fondeado el ex portaaviones soviético de la clase Almirante Kuznetsov, Riga. Conocido más tarde bajo el nombre de Varyag y adquirido por emprendedores supuestamente vinculados al Ejército Popular de Liberación por US$20 millones, en 1998, es este el buque que analistas en China creen que tiene la potencialidad de servir como el modelo de portaaviones a ser construido localmente o, a su efecto, ser sometido a un intenso refit que le permitiría servir como plataforma de instrucción para el personal asignado a la rama aeronaval de un futuro buque chino de éstas características, contando para ello con los aviones Su-33 para las necesarias horas de vuelo de entrenamiento.

Algunos medios especializados han informado recientemente que pilotos navales chinos han estado den los últimos meses entrenando en el otro material de origen ruso con el que cuenta la rama aérea del Ejército Popular de Liberación, el Su-27. En todo caso, el buque fondeado en Dalian ya luce los colores característicos de un navío de guerra de la PLAN y no resulta simple aproximarse a él para captar fotografías.

Sea cual sea la decisión que seguramente será adoptada próximamente por el establishment chino, teniendo presente la costumbre mediática interna de hacer grandes anuncios en el 2009, con motivo de los sesenta años del establecimiento de la República Popular, claro está que el tema de un portaaviones para la PLAN es incluso un proyecto que puede concretarse aún en plena crisis económica global, al tener el país un mapa de acciones concretas entre las cuales se incluye el desarrollo de infraestructura y el empleo de mano de obra en tareas que requieren ser abordadas para propulsar el crecimiento y el poder chino hacia una nueva etapa.

Interesante será – sin duda alguna - escuchar a funcionarios de la talla del mayor general Qian Lihua o leer en las páginas de un Libro Blanco de la Defensa china a ser redactado en un futuro cercano, el razonamiento que será empleado para explicar la puesta en operación de uno o más portaaviones luciendo el pabellón de la PLAN. Lo anterior será particularmente sensible para un segmento de la población, la cual aunque es sumamente orgullosa de su historia y consciente de sus futuras responsabilidades como pueblo y como nación, tiene ciertas aprehensiones respecto al nivel real de compromiso que debe adoptar China en un contexto de incertidumbre global.

Sin embargo, todo indica que está plenamente asimilada a nivel gubernamental, la premisa que indica que uno de los requerimientos básicos de cualquier país que aspira a desempeñar un papel más protagonista en la agenda internacional actual, requiere de unidades navales que otorguen la necesaria flexibilidad para operar en distintos escenarios proyectando así, la real fuerza y capacidad de respuesta que desea imponer si acaso sus legítimos intereses están en juego.

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