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miércoles, 27 de marzo de 2013

Guerra en el Golfo.


Por: Cnel. de Av. ® José A. San Martín F.
Josè-A.San-Martìn1

Aunque se diga lo contrario, las Fuerzas Armadas de Honduras, Nicaragua y El Salvador, aceitan sus recursos de guerra para utilizarlos en caso de que sea necesario en el Golfo de Fonseca. Serían irresponsables si no lo hicieran. Clásicamente, el empleo de la fuerza militar constituye el último recurso del que se echa mano cuando todas las demás opciones resultaron infructuosas en la solución de un conflicto entre países que pone en peligro la constitución de los estados y su soberanía.

El cuento de este problema en el Golfo de Fonseca, es viejo; tiene sus etapas, sus altos y bajos. Por temporadas no pasa nada; de repente aparecen las diferencias, pleitos por considerar que equis área pertenece a su país y no del otro. ¿Alguien ordena que se reactiven estas acciones de hostilidad?
A veces, lanchas patrulleras de la Naval salvadoreña acosan a las frágiles y pobres lanchas de nuestra Fuerza Naval estacionadas en las costas hondureñas del Pacifico; en otras oportunidades ocurre lo mismo con las embarcaciones de la Naval nicaragüense, acosando no solo a nuestras lanchas patrulleras sino que capturando y saqueando las de nuestros indefensos pescadores artesanales del Golfo, que tienen que pagar a las autoridades de Nicaragua montos promedios de entre US$ 8,000 y 10,000 dólares para recuperarlas. Imaginen la equivalencia en lempiras, 160,000 y 200,000 por sus lanchas artesanales y los pocos aperos que utilizan en sus labores de pesca para ganarse el pan de cada día y sostener a sus familias.

Muchos sacrificios hicieron para hacerse de un motor fuera de borda, el que a veces se pierde cuando son capturadas sus embarcaciones. Algunos se ven forzados a vender o hipotecar sus bienes, otros se comprometen con instituciones bancarias para financiarse y otros, al no poder obtenerlo, dan por perdidas sus embarcaciones y buscan otra actividad para trabajar o alimentan la influencia de la delincuencia o engrosan las “divisiones” de pobres.

Nunca hemos conocido que igual suerte corran las lanchas de pescadores nicaragüenses o salvadoreños. Desde que se emitió el fallo de la Haya estableciendo los derechos de los tres países en el Golfo de Fonseca, creímos que este diferendo había sido resuelto; sucedió solo en papeles porque en la realidad los hechos dicen lo contrario.

No obstante lo anterior y aunque las Fuerzas Armadas de los tres países le están prestando atención a esta situación que comienza a acusarse en la región, la Conferencia de Fuerzas Armadas de Centro América (CEFAC) que agrupa a los principales mandos militares de la región, debe hacer eco de sus objetivos, en el que uno de ellos persigue el establecimiento de medidas de confianza entre las instituciones castrenses. En otras palabras, ser leales y honestos entre todos. ¿Ocurre esto? Seguramente, y quisiera estar equivocado, solo cuando, reunidos en sus conferencias degustan café o vino.

Las Fuerzas Armadas de nuestros países deben proceder de acuerdo con los preceptos legales y el respeto a los acuerdos internacionales; por ningún punto de vista obedecer de sus autoridades políticas si estas, con sus órdenes, violan las leyes y los compromisos de los estados. Principalmente apoyar y fortalecer aquellos acuerdos que promueven la paz y el bienestar de la población.

 No existiría preocupación si los mandos militares de los países mantienen la misma frecuencia en nunca utilizar sus recursos de guerra para dirimir conflictos creando muertos y zozobra entre la población. Los políticos, los malos políticos, siempre persiguen satisfacer sus propios intereses aun a costa del perjuicio de las mayorías. No les importa la muerte de otros si con ello obtienen lo que quieren: bienes y poder. No es invento la opinión del señor Obispo Auxiliar de San Salvador al decir que, seguramente, la actual escalada del conflicto en el Golfo de Fonseca podría haber sido elaborada para distraer la atención de nuestros pueblos frente a la intención de, sabe Dios con qué mezquinos intereses, fraguar el logro de objetivos políticos egoístas.

En estos casos, las Fuerzas Armadas Centroamericanas nos deben dar tranquilidad y confianza. El pueblo debe tener la certeza que sus analistas militares están fielmente comprometidos con el cumplimiento de las leyes, los tratados y acuerdos internacionales; que están, las FFAA, unidas y alineadas, principalmente, con la promoción de la paz y el desarrollo de los pueblos para combatir con todos sus recursos a nuestro peor enemigo: La pobreza de nuestros pueblos.

lunes, 18 de marzo de 2013

General Vicente Tosta Carrasco..

Tomado y recopilado del sitio Honduras en sus manos en FB.

Militares de Carrera desconocidos en la actualidad en Honduras.

Anales de la Historia

3 meses combatiendo a las fuerzas del general Ferrera

Ha regresado a Tegucigalpa el señor ministro de Guerra y Marina, General don Vicente Tosta. Tres meses permaneció este bizarro militar en las comarcas occidentales de la República, reduciendo al orden a las huestes facciosas que lanzara contra el gobierno Constitucional de l...a República el general Gregorio Ferrera.

La labor del General Tosta y del Ejército que comandaba ha sido heroica y de incalculable provecho para el crédito y la civilización del país, que se vio seriamente amenazado con la irrupción indígena de Intibucá, provocada por caudillos ambiciosos que, ciegos por su sed de mando, no vieron la triste situación en que se encontraba la República y el mal inmenso que le causaba con sus constantes atentados contra la paz pública y la tranquilidad social.

Los enemigos del actual gobierno, que no han podido negar el valor militar y los méritos personales del General Tosta y que comprendieron que su presencia en los sectores de occidente daría un triunfo indudable a la causa de la legalidad, se dieron por mucho tiempo a la ridícula e infecunda tarea de forjar leyendas de desprestigio alrededor de la actuación del genial estratega hondureño, y cuando ya la falsía no pudo más, los innobles adversarios inventaron su muerte y trasmitieron esa noticia a todos los rumbos de Centro América, para dar un consuelo momentáneo y una fugaz esperanza a los que de lejos han estado esperando el advenimiento de un orden de cosas imposible ya en nuestra patria.

Vive el General Tosta, para el bien de la República y para orgullo del Ejército hondureño y vive cada vez más optimista, cada vez más enérgico, cada vez más entusiasta por la paz, por el progreso y el engrandecimiento de la nación y siempre convencido de que todos los impulsos deben dirigirse a realizar la definitiva reconciliación de la familia hondureña, borrando las divisiones circunstanciales de un partidarismo retrógrado y corruptor.

Yo puedo creer que la guerra ha terminado en Occidente cuando el general Tosta regrese a Tegucigalpa.

Eso nos decía hace poco –incrédulo y malicioso– un obcecado adversario del actual gobierno.

Ya está aquí, pues, el vencedor de las hordas rebeldes de Z. Pérez. Ya ha regresado del campo de operaciones el jefe sereno y valeroso que supo imponer el triunfo en las serranías de Malguara y reducir al orden a las montoneras de indígenas que azuzados por caudillos impenitentes sembraron el pavor, a sangre y fuego, en poblaciones indefensas y lejanas.

El regreso del General Tosta a la capital trae el convencimiento de que la paz se consolida. Y el fracaso que han sufrido los revoltosos en los lugares en donde presentaron acción, es la mejor prueba de la fuerza de los gobiernos que están respaldados por la opinión pública y sostenidos por el apoyo moral de los países vecinos y de las naciones extranjeras.

Las guerras, hechas así, por puro gusto, ya no prosperan en Honduras.

Sólo por el camino del orden y de la ley pueden los aspirantes conquistar las cumbres del poder público.

LUX celebra el retorno del General Tosta; lo felicita por las brillantes acciones realizadas en Occidente y le desea largos días de calma y de ventura en el seno de su estimable hogar.

Fuente: Revista de Información y Variedades, Tegucigalpa, 9 de agosto de 1925.

martes, 19 de febrero de 2013

PRIMER GRUPO TACTICO.

Por el Walter López Reyes
General de Brigada F.A.H ®.

BASE AEREA “CORONEL ARMANDO ESCALON ESPINAL”
Estandarte que me fue entregado cuando fungía como Comandante de la Base Aérea “Coronel Armando Escalón”, antes de partir para la ciudad capital de la República y Tomar Posesión de la Comandancia General de la Fuerza Aérea Hondureña. En el mismo aparecen los tipos de aeronaves que formaban parte de la línea de vuelo. La Base Aérea “Escalón”, fue catalogad...a como la más fuerte en nuestro país y del área centroamericana en esa época. Los programas de Entrenamiento en los aviones a reacción en sus distintas fases, táctica y estratégica, se realizaban obedeciendo a la doctrina de Combate Aéreo vigente. 


 Durante varias décadas, los miembros que le dieron vida a nuestra Institución Aérea, lucharon infatigablemente para estructurar una organización que respondiera a los preceptos constitucionales de proteger los cielos hondureños y mantener la integridad territorial, así como también, defender el país de cualquier peligro o amenaza contra la Democracia y la Libertad; en tal sentido, la Fuerza Aérea fue dotada de aviones de primera línea para desempeñar con eficiencia la defensa aérea, interdicción y apoyo directo a las Fuerzas del Ejército y la Naval.

  Recordemos que todo presente tiene un origen, siempre hay un ayer, el pasado institucional nos determina, pertenece a nuestra historia y deberá seguir vivo en nosotros. Los Aviadores somos herederos de nobles y heroicas tradiciones, pero también tenemos el ineludible deber de ser autores de un futuro, porque la historia no se detiene.

 “No hay nada más fuerte que el corazón de un Aviador volando para defender la libertad y el honor de su Patria”.



martes, 12 de febrero de 2013

Reflexiones sobre el poder aéreo.

Foto coleccion, propiedad y cortesia de Jurgen Andreas Hesse Joya.
 
 
 
Por el General de Brigada ®
Walter López Reyes.
 
 
 
En consideración a las experiencias que Honduras ha tenido en el pasado, tanto en el plano fronterizo como de otra naturaleza, el rol asignado a la Fuerza Aérea Hondureña en los conflictos tradicionales, no ha pasado desapercibido para aquellos que han amenazado nuestros intereses nacionales. Los eventos sucedidos en nuestras fronteras y las amenazas actuales como el narcotráfico, el tráfico ilícito de personas y armas de distinto calibre, así como el contrabando de diversos materiales y productos, reflejan las formas en que las Fuerzas Armadas de Honduras han tenido que adaptarse y transformarse para enfrentar los nuevos retos presentados por enemigos que continuamente amenazan los intereses y objetivos nacionales y sobre todo, nuestra soberanía del espacio aéreo.



Aunque las capacidades y efectos que las Fuerzas Armadas aportana la defensa nacional contempladas en la Constitución de la República, no son visibles para el observador casual, como las maniobras de entrenamiento a las distintos componentes del poder militar, el poder aéreo (incluidas la doctrina de operaciones en los dominios del aire) deberá continuar siendo un “disuasivo” valioso para preservar el honor nacional, la soberanía e integridad territorial. Nadie debe descartar la amenaza de fuerzas irregulares (crimen organizado y grupos de narcotraficantes), como algo que corresponde estrictamente a la competencia de las fuerzas de operaciones terrestres especiales, como ser la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico y la Policía Nacional. Entender el entorno de estos grupos con mucha logística, con capacidad económica y apoyo externo, requiere de un estudio permanente del Alto Mando y en particular, de aquellos que formulan y dirigen las políticas del Estado hondureño, ya que serán cruciales para las decisiones que deberán tomar los futuros líderes de la Fuerza Aérea Hondureña que, sin duda alguna, demostrarán que su entrenamiento va a ser útil para asegurar que su doctrina siga adaptándose a un enemigo continuamente variable.

El aspecto a considerar, es una lucha de larga duración que presenta este tipo de problemas, pues plantea retos a los gobiernos de turno, en cuanto a su voluntad de aportar recursos considerables para conducir y permanecer involucrado en una lucha prolongada. Históricamente, las democracias tienden a cansarse de luchar de forma relativamente rápida, según se refleja en las experiencias de los países que sufren este tipo de conflictos. De hecho, la red de grupos que conforman el crimen organizado y de narcotraficantes, intentan llevar el conflicto a un plano de “guerra prolongada” mientras las naciones democráticas a las que atacan, demuestran signos de fatiga tan solo unos pocos años después de entrar en batalla. Este aspecto de guerra larga tiene implicaciones para la Fuerza Aérea actual; por ejemplo, los oficiales subalternos, que operan hoy a nivel táctico, pueden ser responsables de los aspectos estratégicos de la guerra del mañana. No solo deben nuestros aviadores tener conocimientos del poder aéreo en la “guerra irregular”, sino que también deben articular sus conceptos y demostrar, de manera fehaciente, sobre las armas y destrezas que el poder aéreo aporta a la lucha.

Algunas personas se refieren a esta noción como dominio del aire; otros le llaman supremacía aérea. Pero el punto es claro: El objetivo primordial de la fuerza aérea es derrotar o neutralizar a los grupos o fuerzas enemigas de modo que las operaciones de la ofensiva terrestre, marítima o aérea, puedan realizarse según lo planeado, mientras que los centros vitales y fuerzas militares propias permanezcan a salvo de una incursión aérea del adversario. La guerra y la paz se deciden, organizan, planifican, aprovisionan, y se dirigen al nivel estratégico de la guerra. Los dirigentes políticos y militares que conforman el Alto Mando ubicados en el Consejo Nacional de Defensa y Seguridad, deben enfocar su estudio y planificación en los recursos: económicos, humanos y naturales para formar y equipar a las Fuerzas Armadas. Las conflictos armados, sean estos regulares o irregulares, son ejercicios de desgaste y aniquilación.

El poder aéreo, letal y no letal, puede ser orientado hacia casi cualquier cosa. Pero, tener la capacidad de atacar cualquier objetivo no significa que se deba atacar cualquier cosa. La selección de los blancos que se han de atacar o afectar de una forma u otra es la esencia de la estrategia aérea. Casi todos los teóricos de la aviación reconocen este punto. Lamentablemente, muchos han dejado por fuera otros factores que inciden en la toma de decisiones que al final determinan el éxito de cualquier campaña político-militar que se quiera realizar.

Entrenamiento constante, preparación, estudio y práctica de día y de noche, son factores que se deben considerar por los grupos de reacción que darán respuesta efectiva a cualquier eventualidad.
 
 
Foto coleccion, propiedad y cortesia de Nelson Sosa Herrera.
 
La clave de toda guerra es el factor amorfo y no cuantificable conocido como “la voluntad nacional”. Ocupa el lugar central en el esquema porque es el aspecto más crucial de un país en crisis de seguridad. En esencia, la guerra es sicológica. Por lo tanto, en el sentido más amplio, la voluntad nacional es siempre el Centro de Gravedad o el factor clave. Cuando “el país” decide que la guerra está perdida, entonces y solo entonces, estará verdaderamente perdida. Sin embargo, esto dice realmente muy poco. El desafío obvio para el estratega es determinar cómo destruir, o al menos debilitar, esa voluntad colectiva. Es un agregado de muchos factores diferentes y no tiene forma física; atacar directamente la voluntad nacional es raramente posible. Más bien, se debe apuntar a las manifestaciones de esa voluntad. En sentido general esas manifestaciones pueden calificarse de “capacidad militar”.
 
La capacidad militar es la suma de los atributos físicos del poder: tierra, recursos naturales, población, dinero, industria, gobierno, fuerzas armadas, redes de transporte y comunicaciones, etcétera. Cuando se han disipado o destruido estos recursos, cuando no queda capacidad efectiva con la cual pelear, entonces la voluntad nacional se desvanece o deja de tener importancia. Por eso, la capacidad militar está estrechamente ligada a la voluntad nacional e igualmente se aloja en el centro de la existencia de una nación; es la suma del poder físico total de un país, por lo que resulta importante mantener en un alto grado de operatividad a esa fuerza. Su éxito ante una eventual amenaza interna o externa, no dependerá de su tamaño sino de su entrenamiento y capacidad de respuesta.

La tarea del estratega aéreo es entender las varias teorías de selección de objetivos y elegir una, o una combinación de ellas, para crear un plan realizable. Esto se logra respondiendo a tres preguntas inherentes: ¿Cuál es la meta? ¿Cuánto se puede invertir para lograr esa meta? ¿Cuál es el valor que le dará a la preparación y entrenamiento? El estratega aéreo debe, por lo tanto, implementar un plan que involucre la transformación de metas amplias en objetivos militares concretos, identificando los conjuntos de objetivos que se deben afectar para lograr esas metas y, a continuación, convertir el todo en un orden de operaciones factible de poner en práctica. No se puede hacer demasiado hincapié en la importancia que tiene el vincular claramente los objetivos seleccionados y los objetivos buscados.

¿Qué se espera específicamente que haga el enemigo si se corta la red de distribución y su logística? Si el objetivo global es obligar al enemigo a que detenga sus intenciones, como por ejemplo, el abastecimiento de drogas a ciertas poblaciones o centros de distribución, entonces ¿cómo contribuirá la intercepción y posible derribo de narco-avionetas a los planes originales de los narcotraficantes? En otras palabras, destruir o neutralizar un blanco no significa estar más cerca de las metas. El proceso intelectual de vincular los fines y los medios es un requisito crucial, a menudo subestimado por el estratega aéreo o por los que toman las decisiones políticas del Estado.


Foto coleccion, propiedad y cortesia de Heber Alejando Doblado P.
 
En resumen, se ha puesto en evidencia desde el conflicto armado de 1969, que el poderío aéreo juega un papel preponderante en los problemas de seguridad y defensa que enfrenta el país. Es posible que los oficiales del Estado Mayor Conjunto y comandantes de Fuerza Armadas se hayan dado cuenta de que sus operaciones son sumamente difíciles, si no imposibles, sin el empleo amplio del poderío aéreo. Su efectividad al nivel estratégico de la guerra, sin embargo, es un tema distinto. Los aviadores han sostenido, desde sus primeros conceptos de la Doctrina del Combate Aéreo, que el arte militar ha cambiado para siempre debido al uso del arma aérea en sus distintas modalidades deempleo. La pregunta sobre qué objetivos tácticos y estratégicos deberá tener prioridad en una campaña aérea, es sorprendentemente compleja, y la respuesta no es del todo clara. Como resultado, ha surgido una variedad de teorías aéreas, cada una con su propia lógica y evidencia.

La afirmación de que la “flexibilidad es la clave del poderío aéreo” se ha convertido en un aforismo. Es tan verdadero en el sentido teórico como en el operacional. Ahora necesitamos aviadores entendidos y con buena base en todos los aspectos de la guerra, incluyendo el teórico. Solo entonces serán capaces de seleccionar el concepto de empleo que mejor se acomode a la situación que enfrentan. La flexibilidad es también la clave para la estrategia aérea. Por último, la estrategia de selección de blancos aéreos es un arte, no una ciencia. Desdichadamente, es un arte increíblemente complejo. Y debe ser entendido por los que dirigen al Instituto Armado, en especial, a la Fuerza Aérea.Las políticas las elaboran y dirigen los políticos, los militares solo las ejecutan.



 
 
 

domingo, 10 de febrero de 2013

Oficial de la F.A.H en el Sahara Occidental




 
 
Oficial de la F.A.H como parte del despliegue de la O.N.U en el Sahara Occidental.
Fotos coleccion, propiedad y cortesia del Tte. Coronel F.A.H Yuri Chavez.
 

viernes, 1 de febrero de 2013

Estrategia Aérea.

Selección de Objetivos Buscando un Efecto

Col Phillip S. Meilinger, USAF

Los aviadores siempre han pensado que el aeroplano es un arma inherentemente estratégica. El poderío aéreo, operando en la tercera dimensión, puede ignorar la batalla táctica de superficie y operar directamente contra los centros de gravedad (COG) de una nación enemiga: los centros industriales, políticos, económicos y de población que permiten que un país funcione. Sin embargo, los teóricos del poderío aéreo han discrepado en cuanto a qué objetivos específicos se deben atacar o neutralizar para obtener los mejores resultados. Debemos entender las diferentes estrategias de selección de objetivos aéreos, porque éstos definen colectivamente los límites del pensamiento del poderío aéreo estratégico, y esclarecen la conexión entre el arma aérea y su rol en la guerra. Además, la comprensión de estos conceptos conduce a un dominio más equilibrado y flexible de la estrategia aérea y los factores que entran en su determinación.

Los sicólogos nos dicen que el evento más traumático en nuestra vida es el nacimiento. De ser así, el nacimiento del poderío aéreo fue doblemente traumático porque ocurrió conjuntamente con la Primera Guerra Mundial. Aquella guerra destruyó imperios, produjo dictaduras, causó la muerte de cuando menos 10 millones de personas y tuvo un efecto profundo en el manejo de la guerra. La pérdida de una generación de soldados europeos, así como más de cien mil americanos, convenció a los líderes estadounidenses que se debían alterar las tácticas y las estrategias. Por esta razón, las soluciones radicales recibieron mayor consideración de la que hubieran recibido normalmente. El poderío aéreo fue una de esas soluciones radicales.

Cuando un país desea ejercer influencia sobre otro, tiene varios instrumentos a su disposición—los “instrumentos de poder” militar, económico, político y sicológico. Dependiendo de los objetivos de un país, éste puede emplear esos instrumentos contra otro país. Por ejemplo, si el objetivo es expresar la desaprobación sobre el dictador en un país A que oprime a su pueblo, el país B puede imponer sanciones —usar el instrumento del poder económico— en un intento de modificar su pernicioso comportamiento. El país B también puede pedir a las Naciones Unidas que condene al dictador y vuelva la opinión mundial en su contra —uso de los instrumentos de poder político y sicológico. Obviamente, conforme las cosas se vuelven más serias, el instrumento militar se vuelve más prominente.

Estos instrumentos de poder se dirigen en contra de los COG del enemigo, que pueden ser los puntos fuertes de un país —tal vez la armada o la infraestructura industrial— aunque también pueden ser los puntos vulnerables. Se debe reconocer esta distinción. Al intentar doblegar a un enemigo a nuestra voluntad, atacarlo en su punto más fuerte no es siempre necesario ni deseable; más bien, deberíamos atacarlo en su punto más débil si eso puede causar su desplome. Así, el punto fuerte de un país puede ser su marina de guerra, sin embargo su punto débil puede al mismo tiempo ser la dependencia de las rutas marinas que le suministran alimentos y materias primas. En tal caso, un estratega puede desear evitar el punto fuerte del enemigo y atacar su punto débil. Esto es similar a una situación durante la Primera Guerra Mundial, cuando la flota alemana de superficie permaneció en su puerto por temor a la Real Marina Inglesa, mientras que los submarinos alemanes realizaban una campaña altamente efectiva contra los barcos mercantes británicos. Se puede agrupar a los COG genéricos de un país en las categorías de fuerzas militares, la economía y la voluntad popular (Tabla 1). En resumen, la estrategia consiste en emplear los instrumentos de poder contra los COG del enemigo.


Tabla 1
Instrumentos del Poder y
Centros de Gravedad Genéricos
Instrumentos de Poder COG Genéricos
• Militar • Poderío
• Económico • Economía
• Político • Voluntad
• Sicológico
Tradicionalmente, las fuerzas armadas han empleado el instrumento del poder militar para operar contra las fuerzas militares del enemigo (Fig. 1). Esto se debió, con razón, al hecho de que los otros COG dentro del país estaban protegidos y escudados por aquellas fuerzas militares. En consecuencia, la guerra se volvió una contienda entre las fuerzas armadas; los perdedores en la batalla exponían los COG de su país al vencedor. Generalmente, la destrucción u ocupación efectiva eran innecesarias: con el interior del país expuesto y vulnerable, el gobierno apelaba a la paz. Aunque las acciones de tierra también podían tener un efecto sobre la economía o la voluntad del enemigo —representado en la Figura 1 por las flechas más delgadas— tales consecuencias eran usualmente indirectas y a menudo no planeadas. Poca sorpresa causa entonces que los teóricos militares a través del tiempo consideraran al ejército enemigo como el COG principal, porque al caer el ejército también caía la resistencia.1 Sin embargo, tal como se observó, la Primera Guerra Mundial demostró que tales contiendas de desgaste se habían vuelto demasiado sangrientas —para ambas partes— para servir como un instrumento racional de política. Los soldados buscaron una solución, pero los marinos y los aviadores tomaron enfoques totalmente diferentes.


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 La Noción de la Nación-Estado
La clave de toda guerra es el factor amorfo y no cuantificable conocido como “la voluntad nacional”. Ocupa el lugar central en el esquema porque es el aspecto más crucial de un país en guerra. En esencia, la guerra es sicológica. Por lo tanto, en el sentido más amplio la voluntad nacional es siempre el COG clave—cuando “el país” decide que la guerra está perdida, entonces y sólo entonces estará verdaderamente perdida. Sin embargo, esto dice realmente muy poco. El desafío obvio para el estratega es determinar cómo destruir, o al menos debilitar, esa voluntad colectiva. Como es un agregado de muchos factores diferentes y no tiene forma física, atacar directamente la voluntad nacional es raramente posible. Más bien, se debe apuntar a las manifestaciones de esa voluntad. En sentido general esas manifestaciones pueden calificarse de “capacidad militar”.

La capacidad militar es la suma de los atributos físicos del poder: tierra, recursos naturales, población, dinero, industria, gobierno, fuerzas armadas, redes de transporte y comunicaciones, etcétera. Cuando se han disipado o destruido estas cosas —cuando no queda capacidad efectiva con la cual pelear— entonces la voluntad nacional se desvanece o deja de tener importancia. Por eso, en el esquema que se presenta aquí, la capacidad militar está estrechamente ligada a la voluntad nacional. Igualmente, debido a que la capacidad militar está en el centro de la existencia de una nación y es la suma del poder físico total de un país, resulta sumamente difícil destruirla por completo. La clave está en perforar selectivamente esta fuerte coraza de capacidad militar en uno o varios lugares, exponiendo el núcleo vulnerable. A través de estas aberturas se puede perforar, punzar, dar forma e influenciar la voluntad nacional. En la mayoría de los casos la voluntad se desploma bajo tanta presión antes de que se agote la capacidad.

Los nodos que rodean el núcleo central son los COG de facto que se pueden seleccionar como objetivos. Tal como se indicó anteriormente, en el pasado las fuerzas armadas y el territorio enemigo eran por lo general los focos de las operaciones porque eran los más accesibles. A menudo, si se derrotaba al ejército o si se invadía una provincia estratégicamente situada, seguiría un acuerdo negociado. Las nuevas capacidades ofrecieron nuevas oportunidades. La historia de la estrategia aérea es una historia de selección de objetivos—que intenta descubrir qué COG es el más importante en un lugar, en un tiempo y en una situación dada. Aunque los teóricos aéreos podrían coincidir en que el poderío aéreo es intrínsecamente estratégico, generalmente han discrepado—enérgicamente—en qué objetivos son los más apropiados para lograr los objetivos estratégicos. Lo que sigue a continuación es un resumen de las distintas clases de teoría de selección de objetivos del poderío aéreo.

El general Giulio Douhet creía que la población era el objetivo principal de un ataque aéreo y que el ciudadano promedio, especialmente el habitante urbano, se asustaría ante un ataque aéreo.3 La limitada experiencia de la Primera Guerra Mundial parecía apoyar ese argumento. Douhet por lo tanto, estaba convencido que si se lanzaba una combinación de bombas incendiarias, químicas y altamente explosivas sobre las principales ciudades de un país se causaría tal trastorno y devastación que la revuelta y la rendición subsecuente serían inevitables. Aunque sus predicciones relativas a la fragilidad de los centros vitales de un país y la debilidad de la resolución de una población demostraron ser totalmente erróneas durante la Segunda Guerra Mundial, su premisa básica ha tenido una aceptación perdurable.

Afortunadamente, las contrapartes estadounidense y británica de Douhet vieron en el poderío aéreo la esperanza de seleccionar como blancos cosas en lugar de personas. La doctrina aérea de los Estados Unidos y Gran Bretaña durante los años entre las guerras se concentró en la infraestructura industrial del enemigo, no en su población. Según esta perspectiva, el estado moderno dependía de la producción masiva de productos militares —barcos, aeronaves, camiones, piezas de artillería, municiones, uniformes, etcétera. Además, los productos esenciales como electricidad, acero, productos químicos y el petróleo fueron también blancos militares y de gran importancia ya que eran los pilares esenciales para la fabricación de otros productos militares necesarios para sostener un esfuerzo bélico.

En Estados Unidos, las ideas del brigadier general Billy Mitchell influenciaron fuertemente a la Air Corps Tactical School, cuyos profesores perfeccionaron una doctrina que escogía los cuellos de botella industriales; aquellas fábricas o funciones que eran esenciales para la operación efectiva del sistema global.4 Este concepto de “red industrial” imaginaba un país enemigo como un sistema integrado y de apoyo mutuo, pero que cómo una casa de naipes era susceptible de destrucción repentina. Si se atacaba o neutralizaba el cuello de botella correcto, todo el edificio industrial se derrumbaría.5 Fue esta la doctrina que las Fuerzas Aéreas del Ejército llevaron a la Segunda Guerra Mundial.

La Real Fuerza Aérea (RAF), dirigida por el mariscal del aire Hugh Trenchard, adoptó un enfoque ligeramente diferente. Trenchard había sido testigo de la reacción extrema de la población y sus líderes políticos ante los ataques aéreos alemanes en Gran Bretaña durante 1917 y 1918 —después de todo, esos ataques dieron lugar a la creación de la RAF. Sostenía, como lo hizo Douhet, que los efectos sicológicos del bombardeo sobrepasaban los efectos físicos. A diferencia del general italiano, Trenchard no creía que atacar directamente a las personas era la estrategia correcta para producir el trauma sicológico.6 Tal política era moral y militarmente cuestionable. En cambio, propugnó algo similar a la estrategia de la Air Corps Tactical School: la infraestructura industrial de un país era el blanco adecuado. Según su razonamiento la interrupción de la vida normal —pérdida de empleos, sueldos, servicios, transportes y bienes— sería tan profunda que la gente exigiría la paz. En resumen, mientras que los estadounidenses deseaban bombardear la industria para destruir su capacidad, Trenchard y la RAF buscaban bombardear la industria para destruir la voluntad nacional.

Otro oficial de la RAF, el comandante de grupo John C. Slessor, abordó las complejidades de la teoría aérea entre las guerras.7 Sostuvo que las líneas de abastecimientos y de comunicaciones del ejército enemigo eran el COG clave, y que si se interrumpía y neutralizaba el sistema de transporte del enemigo, su ejército no sólo sería incapaz de ofrecer resistencia efectiva sino que también el país entero quedaría paralizado y vulnerable. Esta parálisis, a su vez, tendría un efecto decisivo en la capacidad y la voluntad de la nación enemiga. En esencia, Slessor proponía la interdicción aérea al nivel estratégico y operacional. Por esta razón, la RAF presionó justamente por tal campaña aérea contra Alemania en 1944. El “plan de transporte”, como se le llamó, realmente demostró ser exitoso al asegurar el éxito de los desembarcos en Normandía restringiendo drásticamente el flujo de refuerzos alemanes al área de ocupación. Además, la destrucción generalizada del sistema ferroviario alemán en Europa Occidental tuvo efectos devastadores sobre el esfuerzo bélico total, tal como Slessor lo había predicho.

 El Coronel Phillip S. Meilinger (Academia de la USAF; Maestría, University of Colorado; Doctorado, University of Michigan) es profesor de estrategia del US Naval War College en Newport, Rhode Island. Entre 1991 y 1995, sirvió como decano de la School of Advanced Airpower Studies en Maxwell AFB, Alabama. Como piloto de comando, ha volado aviones C-130 y HC-130 tanto en Europa como en el Pacífico, y entre 1989 y 1991 sirvió en el Estado Mayor del Aire en el Pentágono. Es autor de Hoyt S. Vandenberg: La Vida de un General (Hoyt S. Vandenberg: The Life of a General) (Indiana University Press, 1989) y de 10 Propuestas sobre Poderío Aéreo (10 Propositions Regarding Airpower) (Programa de Museos e Historia de la Fuerza Aérea, 1995); ambas obras se encuentran en la lista de lectura profesional obligatoria del comando conjunto de la Fuerza Aérea. También es editor y coautor de Las Rutas del Cielo: La Evolución de la Teoría del Poderío Aéreo (The Paths of Heaven: The Evolution of Airpower Theory) (Air University Press, 1997) y ha publicado numerosos artículos sobre teoría, historia y empleo del poderío aéreo. El Coronel Meilinger es graduado de la Escuela de Oficiales de Escuadrón, de la Universidad del Comando y Estado Mayor Aéreo, y de la Universidad de la Defensa Nacional de los EE.UU.

domingo, 9 de diciembre de 2012

EMPLEO DEL ARMA AÉREA CONTRA EL NARCOTRÁFICO.

 
 
Por el General de Brigada® Walter López Reyes.


En los últimos años, las Fuerzas Armadas de Honduras han venido contribuyendo de manera importante y decisiva a la lucha contra el tráfico ilícito de drogas en nuestro país, por medio de diversas acciones que no solo han llenado un espacio vacío en el combate a este flagelo, sino que presumiblemente han orientado positivamente a las autoridades en cuanto a realizar operaciones conjuntas combinadas. En este sentido, la Fuerza Aérea Hondureña ha jugado un papel preponderante que se puede considerar de mayor importancia, por su versatilidad y flexibilidad, que ha tenido que adaptarse a la orientación propuesta en los lineamientos de una estrategia nacional de lucha contra este crimen. Se trata pues, de una acción concreta que tiene como objetivo básico reducir a la mínima expresión la presencia del narcotráfico en nuestro país.

El narcotráfico y el crimen organizado son percibidos por la comunidad internacional como una seria amenaza a la seguridad de los Estados democráticos. Existen muchas y variadas causas para tal percepción. Algunas de ellas tienen que ver con la salud pública, afecta gravemente la salud de las personas, pero sobre todo a la juventud, que una vez que se convierte en consumidor difícilmente recupera su estado normal; con la seguridad ciudadana incrementa la violencia delincuencial y existe la tendencia de que el crimen común se convierta en aliado del crimen organizado; también, con la generación de una cultura por quebrantar la ley, y el incremento de fenómenos como el comercio y la explotación sexual o trata de personas (especialmente de mujeres y niños). Es decir, esta ilícita actividad genera situaciones de riesgo para la integridad y el bienestar de toda la sociedad en la cual se introduce.

El narcotráfico actúa, igualmente, como una fuerza desestabilizadora, pues atenta contra la soberanía, la democracia y el Estado de derecho en los países donde opera. Los efectos sobre la economía son también negativos, pues genera inestabilidad, limita el crecimiento económico y ahuyenta las inversiones; pero lo más peligroso es que penetra las esferas más delicadas de las estructuras de poder del Estado.

Foto coleccion, propiedad y cortesia de Jose Anibal B.
 
 
Después de finalizada la guerra fría se dio inicio a un nuevo debate en torno a las cuestiones de seguridad y las amenazas no tradicionales, como el terrorismo internacional, el crimen transnacional organizado, el narcotráfico, la proliferación de armas, etc.
 
 Si bien estas amenazas tienen la atención internacional con el fin de presentar alternativas para combatirlas, muchas veces los Estados se ven limitados para llevar a cabo acciones concretas dirigidas a neutralizar los grupos de delincuentes, debido a las restricciones que cada vez más impiden mermar las actividades delincuenciales a las que se enfrentan. Al imponer restricciones para no hacer esto o aquello (como el derribo de aeronaves piratas o narcoavionetas), los Estados están dejando abiertas las puertas para los narcotraficantes. Si bien es cierto que somos signatarios de acuerdos, convenios o protocolos, ello no significa que debemos poner en riesgo la soberanía nacional y la integridad territorial.
 
No obstante esto, lo recomendable es que las autoridades al más alto nivel se reúnan para estudiar, discutir, planificar y armonizar las acciones que se habrán de desarrollar en contra de este flagelo, para luego coordinar la ejecución de planes combinados con los países que nos prestan su colaboración en este campo, pero conservando la dignidad y la soberanía nacional.
 
Servir a la comunidad, fomentar la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución; defender el espacio aéreo nacional, mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden jurídico, hoy, estos objetivos están en peligro. Nuestra mayor responsabilidad como nación es construir un país más seguro y con desarrollo económico; que el Estado sea una fuerza más eficaz para lograr alcanzar los objetivos nacionales. Y para que este propósito fundamental se vuelva realidad para Honduras debemos superar las dificultades y situaciones cambiantes del ámbito nacional e internacional. Debemos enfrentar los retos de una economía globalizada y otros que nos afectan en la actualidad. Nuestros retos determinantes se han originado en la proliferación del narcotráfico y en el impacto económico, político y social del proceso de globalización. Se percibe una falta de confianza por parte de la ciudadanía en la capacidad de todos los operadores de justicia de garantizar la permanencia del orden y la seguridad en términos generales.

La Fuerza Aérea Hondureña (FAH) es una de las unidades operativas más caracterizadas de las Fuerzas Armadas; al margen de prestar apoyo aéreo a la fuerza Ejército y Fuerza Naval, debe realizar misiones de interdicción en la lucha contra el narcotráfico junto con el Ministerio Público (Dirección de Lucha contra el Narcotráfico y Fiscalías); asimismo, brinda ayuda humanitaria a la población que es afectada por desastres naturales, realizando vuelos de búsqueda, salvamento y evacuación aérea médica en casos de emergencia (Copeco); y otras misiones relacionadas con la seguridad nacional. Para el logro de sus objetivos, la FAH debe de contar con los escuadrones de vuelo necesarios, capaces de llevar a cabo cada una de las misiones que se le han encomendado (intercepciones, interdicción aérea, apoyo aéreo cercano, transporte de fuerzas de reacción inmediata, etc.). Aquí cabe hacerse las preguntas: ¿Existe el suficiente presupuesto para el mantenimiento de los aviones, helicópteros, entrenamiento y preparación del personal de vuelo? ¿Están las autoridades competentes conscientes de la capacidad operativa y necesidades de todas las instituciones involucradas en esta lucha?

También debe quedar claramente establecido que cuando se pretende realizar una planificación ordenada y coordinada, en especial con el arma aérea, deben de contemplarse todos los factores y necesidades que se requieren para una lucha de larga duración y que de ninguna manera se pueden improvisar acciones de cualquier naturaleza.

 Los vuelos a ciegas de carácter táctico y estratégico para interceptar aviones que violan el espacio aéreo nacional no son admisibles. La ayuda de radares y comunicaciones compatibles con un Centro de Operaciones Conjuntas (Comando y Control), que dirija y coordine con aquellas fuerzas que habrán de participar en las acciones, son vitales para el éxito de las misiones. La estructuración de este centro estará resolviendo los problemas que se presentan actualmente de coordinación y comunicación.

Como se podrá observar, los desafíos y obstáculos son difíciles, complejos y bastante delicados. No es posible ni tampoco recomendable resolver con el uso de una fuerza militar/policial únicamente este delicado problema; paralelo a ello, hay que llevar a cabo otros proyectos de carácter social y económico que coadyuven a combatir la narcoactividad, como ser: 1) Mejorar nuestro sistema económico/social, tenemos un crecimiento poblacional acelerado sin el adecuado crecimiento económico; 2) Disminuir los niveles de pobreza; 3) Desarrollar proyectos para mejorar el empleo y el subempleo, esto servirá para evitar la migración del campo a las principales ciudades; 4) Desarrollar programas sociales para evitar las pandillas juveniles y mejorar los hogares desintegrados, donde juegan un papel importante las iglesias y algunas ONG; 5) Mejorar el sistema educativo con valores morales y cívicos. Y otros aspectos que deberán tomarse en cuenta para que participe toda la sociedad en general y no dejar solo a los gobiernos que resuelvan estos problemas.

Los cambios que deben de hacerse son estructurales y de ninguna manera cosméticos. La voluntad política y cívica debe de ponerse a prueba por autoridades y la sociedad en general. Si queremos una patria como la soñaron nuestros próceres, tenemos que hacer “esfuerzos” grandes para no tener que lamentarnos más adelante. La Fuerza Aérea Hondureña debe mantener un alto nivel de excelencia operativa en el empleo del poder aéreo, basado en la doctrina aérea moderna, para afrontar los roles de defensa y seguridad, así como de apoyo al desarrollo nacional. Sin una permanente actividad de vuelo que contemple la programación en sus distintas fases (primario, básico y avanzado, táctico y estratégico) no podrá mantener el alto nivel operativo que exigen las circunstancias actuales.

Visto lo anterior, es necesario al más alto nivel político-militar analizar la creación de fuerzas de reacción inmediata para ser desplegadas a las zonas de conflicto, las que pueden estar estacionadas en las bases de la Fuerza Aérea Hondureña. El personal de estas fuerzas debe ser selectivo y entrenado especialmente para este tipo de tareas. No es necesario ser grandes en tamaño, sino eficientes, tenaces y debidamente entrenados para dar respuesta a este terrible flagelo.

“Las maniobras militares son el resultado de los planes y las estrategias en la manera más ventajosa para ganar. Determinan la movilidad y efectividad de las tropas”, General Sun Tzu (El Arte de la Guerra).